Niños, niños jugando, niños, que dentro de nada ya no serán niños, pero que para ellos es una eternidad, y se creen con el derecho a malgastar la infancia. Ingenuos, al creer que ese mundo será eterno. Pero claro, solo son niños...Yo antes era niña, niña que jugaba, ahora soy adolescente, es decir, una niña que se cree mayor pero que en verdad sigue siendo niña, una niña que no la toman en serio, y creen que no puede tomar sus propias decisiones, porque claro, es una simple niña...
El ruido de la puerta al cerrarse interrumpió el hilo de mis pensamientos, me di la vuelta, quedándome con el vano a la espalda, solo el viento, debería cerrar la ventana, ya que estábamos en invierno, pero la nieve no me impediría escuchar a los niños jugando a hacer muñecos de nieve. El móvil sonó, y con el ruido una vibración en el bolsillo, introduje la mano, saqué el aparato y miré la pantalla, era Gabriel.
-Diga.
-Hola Cris, ¿estás en casa?
-Sí, ¿por?
Antes de que él pudiera responder, el timbre anunció la llegada de un visitante a la casa. Bajé las escaleras con el móvil cogido por el hombro. Abrí la puerta y ahí estaba él cerrando su teléfono. Colgué yo también antes de darle un pequeño abrazo.
-Cristal Martín, ¿cómo puedes hacer tal indecencia de no haberme llamado en todo el fin de semana?- Su tono no era menos que el de una persona que no soportaba pasar un minuto sin sonreír.
Aunque él siempre ha sido un amigo de la infancia y de la familia, yo por el contrario no fui muy acogida por sus padres.
-Me quedé sin saldo y aún no me lo han recargado.
-¿Sabes que también existe teléfono fijo?
-Ni yo me se mi teléfono fijo, no esperes que me sepa el tuyo.
-¿Puedo pasar o me vas a dejar aquí esperando una invitación?
-Me lo pensaré, por ahora te quedarás aquí.
Hice el amago de cerrar la puerta pero su mano me impidió terminar la maniobra.
-Ja ja ja, muy graciosa, ahora dejame pasar que me muero de frío. No se cómo puedes soportar estar con camiseta de manga corta y ni siquiera temblar.
Fui a la cocina a coger un vaso de agua. La sed era algo muy habitual en mí.
Me dirigí al salón para sentarme en el sofá. Gabriel me siguió y se acomodó al lado mía, cogió el mando de la tv y una manta. Me lanzó el inalámbrico mientras nos tapaba con la tela. Encendí la televisión y puse una película cualquiera.
-No Cris, esa no me gusta.
-Y entonces cual es la que te gusta.
-Pon una de acción o de miedo.
-No gracias-. Puse una serie al azar y deje el mando en la mesa.
Gabriel me rodeó con el brazo y me dio un beso en la mejilla, mi única respuesta fue una sonrisa cariñosa y darle un beso en la suya.
-Puf, esta serie es muy antigua, ya me se el final, y si te lo sabes ya no interesa.
-Pues te aguantas y te callas que siendo como eres me lo cuentas a mí.
-¿Nunca la has visto?-Me miraba con una mezcla entre confusión, diversión y sorpresa. Como cuando tienes una falta de ortografía obvia o cuando no has oído hablar de Harry Potter o películas por el estilo.
-Nunca me había interesado por ella.
-Y justo te interesas ahora o lo haces para fastidiarme.
-Al principio para fastidiarte, pero ahora un poco de cada.
Un risa leve llegó a mis oídos e impidió que me sumergiera en la trama, y menos mal que lo hizo, temía poder quedarme dormida. Estos últimos días habían sido bastante duros, entre las clases y la visita de mi prima Sofí. Menos mal que ya se marchó a su casa de Murcia, ni un día más con ese terremoto de tres años.
En el fondo el capítulo era entretenido, lo malo es que terminó demasiado pronto. Después solo hubo muchos anuncios y un silencio incómodo. Mi mente estaba en blanco y empezaba a aburrirme, también tenía un poco de hambre.
-¿Te ha gustado el capítulo?
Me sacudió un poco con el objetivo de adelantar mi respuesta.
-Bueno, esta bien. ¿Quieres hacer un bizcocho conmigo?
-¿En serio?, ¿es que quieres incendiar la cocina?
-No soy mala cocinando.
Se levantó y me ofreció la mano para ayudarme.
-No seas tonta, no lo decía por ti, lo decía por mí. La última vez que intenté cocinar casi me corto el dedo, y solo estaba haciendo un bocadillo.
-Eres un mentiroso.
-No me juzgues.
Decidí comerme mis palabras y evitar otra contestación peor por su parte.
Le cogí la mano y nos dirigimos a la nevera.
-Busca harina y azúcar.
-¿Los bizcochos no llevan huevos?
-Sí, ahora los cojo.
Y así pasaron los minutos, estropeando poco a poco un postre de limón.
La cocina se llenó de harina por culpa una bolsa con un agujero en una esquina. Lo único que nos faltaba era que mi padre entrase en casa antes de que pudiéramos limpiar. Nos hicimos con la aspiradora y recorrimos la estancia lo más rápido que pudimos. A veces a Gabriel se le caía harina de la encimera al suelo que acaba de limpiar yo, y empezaba una pequeña guerra. Solo cuando terminamos nos acordamos de que teníamos que probar el bizcocho.
Los dos nos acercamos al plato con la comida y un cuchillo. Me giré para mirarle, su cara estaba pintada por la duda de si era comestible o no.
-Gabriel, prueba para saber si esta bueno.
-No me hace falta probarlo para saber la respuesta.
-Pero si seguro que estas hambriento.
Me apoderé de la faca y corté un trozo fino, después, lo partí por la mitad y le ofrecí una porción.
Abrí la boca a desgana para morder un poco del bizcocho. En cuanto lo saboreé me dio una pequeña arcada, sabía a exceso de harina y supe que le faltaba mucho tiempo en el horno. Prefería haberlo dejado allí dentro hasta que se quemase y tener na escusa para no probarlo.
Con todas mis fuerzas fingí una sonrisa para que él también lo probara. Nada, simplemente se rió, me besó en la frente mientras se dirigía a la basura con el resto de postre en una mano.
-Menos mal que no lo comí, creía que vomitarías, pero has aguantado bastante, ja ja ja.
-No te rías, no recuerdo haber tomado algo que supiese peor.
Me callé por completo al ver pasar a una persona por delante de la casa. Le enfoqué detenidamente y lo empecé a examinar. Era realmente guapo, caminaba cabizbajo con un abrigo marrón y unos vaqueros. Al darse cuenta de que alguien le miraba observó todo el terreno a su alrededor, en pocos segundos se percató de que la que miraba era yo, tenía los ojos grises, un gris único que parecía no tener fin. Me dedicó una sonrisa pícara antes de desaparecer de mi vista. Suspiré en un intento de disimular que me había quedado sin aliento...
-¿Cristal?
-¿Sí?
-¿Me estabas escuchando?
-La verdad es que me he quedado muerta por un momento.
-Te decía que hacía bueno para jugar con la nieve.
¿Nieve?, ¿qué nieve?, hace días que no nevaba lo suficiente para jugar con ella. Gabriel me atravesaba con la mirada, me di la vuelta y vi como un torrencial de de diversión blanca caía sobre el césped. Mi cara se iluminó y no pude impedir una sonrisa parecida a la de los niños pequeños cuando van a ir a un parque de atracciones.
-Aunque es mejor esperar a que el suelo esté lleno.
Ignoré su comentario y me encaminé a la puerta.
-Espera un momento.
Cogió su teléfono y puso en curso una llamada.
-Hola Agustín.
-Pues en casa de Cristal.
-Ja ja ja, sí, la hemos visto, por eso te llamaba, ¿te vienes y preparamos una guerra de bolas de nieve?
-Sí, te puedes llevar a Sol.
Colgó y me miró con una sonrisa, corrí a abrazarle.
-¡Qué ilusión! Me pido tu compañera.
-Eso ni lo dudes, tienes más puntería y sangre fría que Sol.
-¿Sangre fría?
-Sí, ¿no te acuerdas la última pelea que hicimos tú y yo?
-Claro que me acuerdo, te di una paliza.
-Parecía que era un combate singular, se notaban las ganas que tenías de estamparme una bola en la cara.
-Y lo conseguí.
-Ten cuidado, esa boquita va a provocar que mueras por fuego amigo.
-Ja, ja, como si fueras capaz de hacerme daño.
-Sí que lo soy.
-¿En serio me haría daño por un juego?
-Por supuesto que sí-.Intenté separarme de él pero me lo impidió y me pellizco en el costado. Me revolví por las costillas que me producía ese acto, lo repitió dos veces más. Di un pequeño respingo y me separé rápidamente para evitar más cosquillas.
-Respuesta equivocada, eliminado de la guerra.
-¡Eh!, no tienes derecho.
-Es mi césped, y esa boquita ha provocado tu eliminación.
-Ja ja ja.
Cogí una bola de nieve que había preparado antes de la guerra, estaba escondida detrás de un árbol, mis ropas estaban medianamente intactas. Miré a la izquierda para saber donde se escondía mi compañero, no lo encontraba. No paraba de escuchar números de los contrincantes, se suponía que eso era un código que les decía dónde estaba el otro o uno de mi equipo. Por suerte nosotros también teníamos un código. Me estaba poniendo nerviosa por no saber la posición de Gabriel, a él le habían dado tres veces más que a mí por falta de comunicación.
-¡Verde!
Grité con todas mis fuerzas para que Gabriel supiese que estaba en el árbol. Tendría que recibir la respuesta en menos de diez segundos o sino le habían atinado y había perdido todas sus vidas.
-Cinco, seis, siete...
-¡Gris!
Bien, estaba detrás del saliente de la chimenea en el lateral de la casa.
-¿Ciruela?
-Amarillo.
Sol estaba en el otro lateral, y seguramente Agustín estaba escondido en el matorral a dos metros de mí. Mi último mensaje antes de atacar. Moldeé la bola que aún tenía en mis manos.
-Yo, hoja.
-Yo, ciruela.
Cada uno tenía su objetivo. Solo quedaba la cuenta atrás. Luces, cámara, acción...
Los dos nos movimos con sigilo, Agustín y Sol todavía seguían gritando números, eso significaba que su estrategia aún no estaba planeada. A él le quedaban dos vidas, a ella, una. Yo era la que más tenía, pero aún podían remontar. A dos pasos del matorral, los números dejaron de sonar. Me agaché y rodeé las ramas por el lado contrario a la casa, Agustín estaba de espaldas, mirando como Sol iniciaba una cuenta atrás, ella le miró asombrada por mi cambió de posición, yo también vi como Gabriel se encontraba detrás de ella. Le lancé la bola de nieve a Agustín, él dio un salto del asombro. Cogí una de sus reservas y se la tiré mientras huía de mí hacia el árbol donde antes estaba yo.
Por mala suerte, la segunda vez fallé. Gabriel también atinó su disparo, Sol, eliminada. Mi compañero, pensando que había eliminado a Agustín, salió para celebrarlo. Una bola corrió por el aire en dirección a mi compañero.
-¡Agachate!
Gabriel lo intentó esquivar demasiado tarde, en su pecho hubo una explosión de nieve. Solo quedábamos Agustín y yo. La emoción recorría todo mi cuerpo, parecía una batalla campal, las risas no eran bienvenidas, era un momento lleno de tensión y se necesitaba mucha concentración.
-Cristal, ¿lo dejamos en tablas?
-Ni lo sueñes.
Salí de mi escondrijo y corrí hacia el árbol, Agustín se asomó y me tiró dos bolas, solo una me dio, dos vidas, él una, seguía con ventaja. Lancé una de las bolas que me quedaban con una precisión certera, el hombro de mi adversario quedó lleno de nieve. Los dos tiramos la munición que nos quedaba en las manos. Él sonrió mientras se limpiaba la parte atinada. Era un poco más alto que yo, y su cabeza rizada siempre hacían un poco de gracia, pero luego te acostumbrabas a su sonrisa constante y a su buen humor.
-Te he ganado.
-Me he dado cuenta.
-Os toca preparar la merienda.
-Estoy pensando en... un poco de jamón york.
-No, os lo tenéis que currar más.
Nos dirigimos a la casa bromeando sobre la batalla. Dentro ya estaban los dos eliminados. La nieve nos llegaba por un poco menos del tobillo, todos estábamos exhaustos por haber corrido por ella.
Un sentimiento reconfortante nos abrazó al sentir el calor que desprendía la chimenea. Era una chimenea bastante escondida, en una esquina de la pared izquierda, sin que molestase mucho, y con espacio para poder sentarse alrededor encima de una alfombra.
-Chicos, ¿qué hacemos?-La voz de Sol era bastante despreocupada, había estado tanto tiempo y tantas veces en mi casa que casi era suya, era como mi hermana a ratos, porque había veces que mis ganas de decirle que me dejara en paz eran incontrolables.
-Pues no se, creo que tengo algún juego de mesa.
-No demasiados, recuerda todas esas tardes aburridos jugando a que los hipopótamos se coman las bolitas-. Gabriel se tomó un vaso de agua justo después de soltar el comentario, le dirigí una mirada sarcástica.
-Tú hacías trampa.
-Mentira.
-Verdad.
-Mentira.
-Verdad.
-Mentira.
-¡Callaos!
Todos nos asustamos por el grito de Agustín, que luego fue seguido por múltiples risas.
-Podemos invitar a algunos amigos más.
-Sol, ¿pretendes montar una fiesta en mi casa?
-No, solo decía unos pocos más, Ámbar, Emilio y Aurora.
-Llámalos, a lo mejor pueden venir andando.
La botella giraba y giraba, Emilio estaba un poco nervioso, él era mono de cara, pero era muy tímido, le daba bastante vergüenza tener que besar a una de sus amigas. Lentamente, la boca de la botella señalaba a Ámbar, ella se acercó a él y, sin pensárselo dos veces, le dio un pico y volvió a su sitio.
-Ámbar que sosa te has vuelto.
-Sí, le has dejado con las ganas.
Gabriel era el primero que comentaba, y siempre luego salía Agustín para acompañar el comentario, era un extraño propósito que se les había ocurrido para la noche.
Cogí el recipiente y lo hice girar, todos seguíamos sus movimientos al compás. Había apuntado a Gabriel, él chasqueó con la legua y volvió a mover la botella, Sol.
-Oh..., os habéis puesto colorados.
Todos nos reímos ante el comentario de Aurora, entre todas, ella era la más guapa, o por lo menos eso me parecía a mí, rebosaba confianza a cada minuto. Sol se giró para mirar a su compañero, ninguno quería hacerlo, se dieron un beso incluso más fugaz que el de Ámbar a Agustín.
-No, eso no vale, tiene que durar, ni lo hemos visto.
-Emilio, a ti te ha pasado lo mismo.
-Lo tenéis que repetir.
Todos insistimos hasta que cedieron, sus labios se sellaron durante tres segundos, ninguno se movió mucho, ninguno hizo el amago de apartarse. Cuando se separaron, solo se escuchó un “Ohhh”
-Bueno, ya no os podéis quejar-. Mientras hablaba, ella cogió el vidrio y lo lanzó a toda velocidad.
Giro tras giro, todos esperaban ansiosos el momento. Agustín, el elegido fue Agustín, todos lo miraron con una sonrisa traviesa en la cara. El cogió el objeto y lo hizo girar con menor velocidad... Emilio, otra vez.
Una carcajada estridente ahogó el silencio de ímpetu que se había formado entre nosotros.
-¡Ni de broma!-.Emilio se había asustado bastante, si le incomodaba besar a sus amigas, besar a un amigo era algo impensable.
-Ja ja ja, ¡lo tenéis que hacer!, y tiene que durar, como me ha pasado a mí y a Sol.
-¡No es lo mismo!
-Lo tenéis que hacer.
Con cara de asco, los dos se acercaron poco a poco, las risas no pararon, cuando sus labios colisionaron, otra carcajada se apoderó de todo. Se separaron y limpiaron los labios.
-Que asco tío.
-No te quejes, yo también lo he tenido que sufrir.
-Ja ja ja, si en el fondo os a gustado-. Volvió a comentar Gabriel.
La botella la cogió Ámbar y repitió la operación, su cabello pelirrojo le daba un aire inocente y gracioso.
Cuando el vidrio se paró, fui yo la señalada. Todos se quedaron en silencio para saber quién sería el elegido... Gabriel. Nos miramos, les miramos, nos miraban, cada uno de los presentes nos miraban, porque era el momento que estaban esperando; para ellos, un momento de intriga; para Gabriel, la oportunidad esperada; para mí, un momento bastante incómodo.
El corazón casi se salía de mi pecho, estaba bastante nerviosa, no sabía que hacer, algunos tenían sonrisas traviesas y malignas el en rostro, otros, solo impaciencia.
-Bésale ya.
-No me metáis prisa.
Me levanté para acercarme a él, sentándome delante suya, pegué mis labios a los suyos, todos se sorprendieron porque creían que no sería capaz. Solo pensé “vamos a darles lo que quieren ver”. El beso se apasionó poco a poco, durando más de lo que había previsto, con la mano derecha me sujeto la nuca y con la izquierda la espalda y me empujó para sí. Yo le cogí del hombro y del pelo, parecía que nos habíamos metido en una pompa en la que los demás no podían entrar. Sentí que toda la presión que había acumulado para con él estaba desapareciendo. Nos separamos lentamente después de unas cuantas toses exageradas seguidas por risas. Nos miramos atentamente, sin aliento. Volví a mi lugar para que el juego siguiese. Al parecer, lo que me parecía una situación incómoda había sido bastante divertida.
Miré el reloj mientras el objeto rodaba sobre su eje, las once en punto, mi padre no volvería hasta el lunes por una reunión, según la conversación que tuvimos después de la batalla.
Emilio y Aurora se estaban besando mientras yo estaba en mi mundo, parecía que había química entre ellos, aunque fuesen muy diferentes.
-Cristal, te ha tocado.
Miré la botella después del comentario de Agustín, en efecto, me señalaba a mí. La hice girar, ahora si que estaba bastante atenta a lo que pasaba. Cuando se paró subí la miraba hasta poder ver a mi correspondiente, Ámbar. Las dos nos quedamos petrificadas al ver el resultado, algunos se reían, otros esperaban que pasase.
-Mmm, que excitante se ha vuelto este juego-. Gabriel tenía una voz melosa.

¿Una preguntita tienes Twitter? Me encanta tu blog, a lomejor lo tienes por aquí pero soy muy burra para esto la verdad jeje
ResponderEliminarbesosss ^^